Elogio del conflicto (2017)


Da: Miguel Ángel Aguilar, La Vanguardia, martes 19 diciembre 2017.


Frente a la asimilación tergiversadora, que caracteriza a muchos de los líderes cabeza de lista para las elecciones catalanas del próximo jueves día 21, queda la esperanza de que los inscritos en el censo comparezcan papeleta en mano para tomar venganza de haber sido ignorados y aplicar la clarificación sancionadora que recetaba Arturo Soria y Espinosa en su libro Labrador del aire. En el izado de esas dos banderas, la de la asimilación y la de la clarificación, o si se prefiere la de los tergiversadores y la de los clarificadores, podrían resumirse todos los aspavientos de estos quince días durante los cuales nos han abrumado pidiendo el voto con argumentos más centrados en la descalificación de los competidores que en la manifestación de la propia excelencia.

Por parte alguna se ha visto que las formaciones que han estado al frente del Govern de la Generalitat en esta legislatura hayan asumido la defensa de los logros alcanzados ni tampoco que quienes aspiran a relevarles en esa función se hayan esforzado en presentar la validez de las propuestas programáticas que cumplir. Nos hemos quedado ayunos del conocimiento de la realidad y limitados a los atisbos esclarecedores que derivan del modo en que ha sido interrogada. Una interrogación abrasiva, enfocada a las alianzas que cada formación preferiría o vetaría, entendiendo que las propensiones para sumar o descartar, ideadas por unos y por otros, revelarían su verdadera condición.

En estrategia la modalidad óptima de actuación de cada participante depende de lo que hagan los demás. Por eso, es esclarecedor revisar lo su­ce­dido a Jenofonte, quien habiendo formado a la desesperada a sus soldados frente a los persas comprobó cómo ­estos, que gozaban de evidente superioridad, rehuían el combate y apla­zaban la batalla para cuando los griegos salieran de la desesperación, que siempre fortalece a los incursos en ella. Aceptemos que falta en ocasiones tener más en cuenta el punto de vista del delincuente. Porque, como insiste Paolo Fabbri en Elogio del conflicto, la normalidad, la de escapar sin correr, es la mejor máscara, el camu­flaje más eficaz.

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